El pajeo de las Pes
En todas las bibliotecas de Merla –madre tierra para los sumerianos– siempre pernoctaran en los mismos escaparates con el pelo largo, azul y verde, las uñas sin cortar, completamente beodos cuando necesites masturbarte mentalmente. Habrá todas las horas, todos los días, todas las semanas, una música flordelisada donde Verlaine le hace el amor a Rimbaud y un “sacer vates” traga su infinito rosario por haber desflorado una menor.
Cada vez que pases por allí todos te zahirieran con su voz de tétano, te harán mirar en un espejo que luego romperás y caminarás sobre sus restos lamiendo la sangre de tus pies.
Entre las repisas, Lezama Lima estrangula a Pitágoras y sus siete cabezas. Kabir, Mira Bai y Guru Nanak tocan una canción de Charlie Parker con Ramananda en la voz.
Yo, parado en la esquina, converso con César Moro, dedo en la nariz, viejo y aburrido grito:
¡QUIERO QUE LA POESÍA HABLE!
Vallejo sale del PQ 8497 V35A243X 1986 empuñando un revolver en la mano derecha y una copita de pisco en la izquierda –perdonen la tristeza– y suelta su murmullo: “shhh... es una monja en eterno voto de silencio que sólo habla cuando la amas.”
Yo suspiro. Una lágrima de aire emigra de la nada que soy. Exclamo:
¡QUIERO QUE LA POESÍA TENGA PIES!
Entonces Neruda se acerca con un estatuto de vino y susurra: “déjala que sea un galope de ciruelas y que ruede en tus manos cósmicamente verde”
Yo rió, aplaudo como aplaudí después de Pagliacci, escucho el redoblar de mi pecho y prorrumpo:
¡QUIERO QUE LA POESÍA TENGA OJOS!
Martín Adán se aproxima con una damajuana de mistela, me roza el hombro y articula: “ahora la Poesía es hacer mirar tu sombra en la luna”
Valdelomar, El Conde De Lemos, aparece y corrige: “el ahora es el futuro, el futuro ya lo viviste”.
Miro dentro de mis ojos vacíos; Lao Tse corre disparándole mariposas de Tao a Borges, hijo de Minos, que esconde su corazón bajo la calle Poe: “el poema perfecto está escrito en cien líneas” –asegura él– pero yo sé que el universo está escrito en un verso.
Cada vez que pases por allí todos te zahirieran con su voz de tétano, te harán mirar en un espejo que luego romperás y caminarás sobre sus restos lamiendo la sangre de tus pies.
Entre las repisas, Lezama Lima estrangula a Pitágoras y sus siete cabezas. Kabir, Mira Bai y Guru Nanak tocan una canción de Charlie Parker con Ramananda en la voz.
Yo, parado en la esquina, converso con César Moro, dedo en la nariz, viejo y aburrido grito:
¡QUIERO QUE LA POESÍA HABLE!
Vallejo sale del PQ 8497 V35A243X 1986 empuñando un revolver en la mano derecha y una copita de pisco en la izquierda –perdonen la tristeza– y suelta su murmullo: “shhh... es una monja en eterno voto de silencio que sólo habla cuando la amas.”
Yo suspiro. Una lágrima de aire emigra de la nada que soy. Exclamo:
¡QUIERO QUE LA POESÍA TENGA PIES!
Entonces Neruda se acerca con un estatuto de vino y susurra: “déjala que sea un galope de ciruelas y que ruede en tus manos cósmicamente verde”
Yo rió, aplaudo como aplaudí después de Pagliacci, escucho el redoblar de mi pecho y prorrumpo:
¡QUIERO QUE LA POESÍA TENGA OJOS!
Martín Adán se aproxima con una damajuana de mistela, me roza el hombro y articula: “ahora la Poesía es hacer mirar tu sombra en la luna”
Valdelomar, El Conde De Lemos, aparece y corrige: “el ahora es el futuro, el futuro ya lo viviste”.
Miro dentro de mis ojos vacíos; Lao Tse corre disparándole mariposas de Tao a Borges, hijo de Minos, que esconde su corazón bajo la calle Poe: “el poema perfecto está escrito en cien líneas” –asegura él– pero yo sé que el universo está escrito en un verso.


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